Haciendo de «mi» Instagram un lugar mejor
Estamos de resaca vacacionil y las redes sociales se han llenado y siguen llenando de fotografías de nuestros círculos durante las ansiadas vacaciones: esos pies en la arena, ese gin al atardecer, esas fachadas de alguna ciudad europea, el flotador en la piscina, etc.
Una de esas redes sociales es Instagram, la red social que hace que nos creamos fotógrafos profesionales. Algo que sirve para que el nivel de fotografías aquí sea relativamente superior que en otros lugares. En Facebook verás las 40 fotos mal hechas, sin luz y desenfocadas (debido a ese cubatilla de más) del último fieshton. Pero en Instagram verás la foto perfectamente encuadrada y con la iluminación exacta (o eso te piensas) de un gin-tonic perfectamente colocado al lado del florero o de la vela en la mesa donde te sentaste.
Por eso me gusta Instagram, hace que algunos se esmeren un poco a la hora de tomar fotografías. Aunque es un sitio donde nunca he llegado a arrancar del todo. He tenido periodos de cierta actividad y otros en los que he estado apunto de desinstalarla.
Y creo que uno de esos motivos es no seguir a la gente correcta, algo similar a lo que puede pasar en Twitter. Al principio comencé a seguir a muchos perfiles que más o menos me gustaban de las típicas lista de internet, gente que escribía en medios de tecnología, usuarios que seguía en Twitter, marcas, publicaciones, familiares, amigos y compañeros de trabajo. Error.
Siempre había decenas de fotografías que en la mayoría de los casos pasaba sin más. Esta situación se agravó desde el año pasado cuando hicieron que el timeline no fuese un timeline sino que el orden viene dictado por un algoritmo que cree que sabe lo que te interesa. Entonces hacía que la foto del influencer de turno apareciese primero que la de un amigo o alguna marca antes que algún familiar.
Así que la solución fue bastante sencilla: fuera todo el mundo que no conociese salvo contadas excepciones. Me quité de un plumazo toda la gente que había comenzado a seguir de listas (a excepción de fotógrafos de coches), a gente del sector de la tecnología y a los que seguía en Twitter. Me quedé casi en exclusiva con amigos, familiares y compañeros de trabajo. Dejé de seguir a unos 40 perfiles aproximadamente.
Ahora cada foto que veo me aporta y realmente quiero verla. Hay menos volumen de ruido y es un sitio más practicable para mi. Si estás cansado de Instagram te animo a probarlo y me cuentes.