Mi corta recaída en Instagram

Había logrado desinstalar definitivamente Instagram cuando casi sin darme cuenta me vi perdiendo el tiempo de nuevo en la red social. Esta es mi historia de amor y odio.

Mi corta recaída en Instagram
Photo by Kate Torline

Después de un parón estival bastante más prolongado del que me hubiera gustado, regreso a darle un poco de calor al blog con la red social de moda: Instagram.

Instagram llegó a mi vída allá por el lejano 2010. Me gustaba aquello de una red social para fotógrafos. Y aunque no era muy activo y a veces estaba al borde del abandono siempre regresaba porque me resultaba un lugar confortable donde seguir a auténticos profesionales y aficionados de la fotografía realmente buenos. Se podría decir que éramos pocos pero bien avenidos. Los años han ido pasando y la red social fue evolucionando hasta lo que conocemos en nuestros días, no voy a entrar si para bien o para mal.

Hace ahora un par de años me di cuenta que me estaba empezan a cansar lo que allí veía. En ese momento lo atribuí a la gente que seguía y así lo conté aquí mismo. La solución entonces fue tan simple como un buen repaso a mi lista de seguidos para quedarme solo con los que realmente me interesaba. Parecía que con eso había solucionado el problema, pero no fue así.

Una vez más volví a dejar de publicar y hace algunos meses, un buen día me levanté y me pregunté ¿Qué demonios me aporta Instagram? La respuesta no llegó al momento pero si al cabo de los días: absolutamente nada. No puedo decir que Twitter me aporte muchos más, pero al menos me sirve de fuente de noticias e incluso para estar en contacto con algunas personas. Instagram se había convertido en un claro vampiro de tiempo, un lugar donde lo único que hacía día tras día era perder el tiempo sin sacar nada a cambio. Así que dejé que mi perfil siguiera cogiendo polvo y desinstalé la aplicación… hasta hace unos días.

Otro buen día hace un par de semanas, me levanté y decidí volver a instalar la aplicación, no se muy bien porque lo hice: ver quien seguía por allí, si la aplicación tenía cosas nuevas, ver los veranos de la gente; no se, simplemente la instalé. Revisé mi timeline, vi las notificaciones de algún conocido que había comenzado a seguirme y poco más. Al cabo de los días me sorprendí a mi mismo revisando el gran agujero negro de la aplicación: IGTV. De nuevo había vuelto a pasar lo mismo: el timeline no da para mucho, las Stories de los que sigo no me interesan así que a seguir quemando minutos en IGTV. Sin dilación, desinstalada de nuevo.

Es curioso como casi sin darme cuenta Instagram había vuelto a atraparme en sus redes y aunque la mejor manera sería borrar mi perfil definitivamente sigo viviendo con la esperanza de que vuelva a ser lo que en su momento fue. ¿Me la volveré a instalar? Solo Facebook tiene la respuesta.